Personaje: Dean Karnazes. Más allá del límite
50 maratones en 50 días consecutivos por 50 estados diferentes de Estados Unidos... Ese es el duro desafío que se impuso el ultramaratonista Dean Karnazes (“el hombre más en forma del mundo”, se dice) para demostrar hasta dónde puede llegar el cuerpo humano.
Pocas, poquísimas personas en el mundo podrían intentar una aventura como la que tiene al ultramaratonista estadounidense Dean Karnazes recorriendo Estados Unidos desde el 17 de setiembre.
¿Qué pretende lograr? Nada menos que 50 maratones, en 50 días consecutivos, por 50 estados distintos de Estados Unidos. Demorará entre cuatro horas y media y cinco horas por maratón. En cifras, unas 250 horas. En total, 2.250 kilómetros.
Como ya se dijo, Dean Karnazes es una de las contadas personas en el mundo que podría atreverse con semejante reto. Porque solo un historial deportivo como el que lo acuerpa puede respaldar este intento con el que pretende averiguar, en sus propias tenis, cuáles son los verdaderos límites de la resistencia del cuerpo humano.
Karnazes es un corredor –según la revista Men’s Fitness, “el hombre más en forma del mundo”– que desde hace tiempo sintió la llamada de los ultramaratones de montaña y de la aventura. Corredor del equipo The North Face, triatleta, competidor de windsurf de alto nivel, ganador de ultramaratones de ciclismo de montaña, snowborder... la lista de deportes en las que destaca es apabullante.
Corrió una maratón en la Antártida a –40ºC; corrió 217 kilómetros en el Valle de la Muerte (desierto californiano), en pleno verano, a 50ºC; corrió la ultramaratón de Badwater– la carrera a pie más dura del mundo– . Ha ganado pruebas de ciclismo de montaña de 24 horas consecutivas sin bajarse de la bicicleta. Y también ha ganado carreras por montaña de 161 kilómetros sin detenerse. Su récord de carrera consecutiva es ¡563 kilómetros!
Así pues, no es de extrañar que, en la búsqueda incesante de sus límites, haya decidido correr estas 50 maratones consecutivas. Por una causa benéfica, además: todos los beneficios irán destinados a Karno Kids, organización en la que Dean participa activamente. Esta asociación fomenta, por un lado, las actividades de aventura entre niños desfavorecidos, y por otra, ejerce una gran labor en la defensa del medio ambiente como legado a las futuras generaciones.
Itinerario. Su periplo se inició el 17 de setiembre en la Maratón de Lewis & Clark, en Missouri, y culminará el 5 de noviembre en la Maratón de Nueva York.
El seguimiento diario de su aventura se publica en el blog de Dean Karnazes (www.ultramarathonman.com). Hoy cumple 15 días exactos de haber empezado a devorar asfalto; le faltan 35.
El súperatleta hará el recorrido oficial de cada maratón (42 kilómetros y 195 metros) en cada estado, pero no todo será en solitario pues – como ya se dijo– en los casos de Michigan y Nueva York, lo hará al lado de miles de corredores.
Durante el trayecto, solamente lo acompañará un vehículo de la policía para protegerlo. A estas alturas, la prensa estadounidense ha dado cuenta de la insólita maratón y, por ello, cada vez más personas siguen sus pasos.
Sobra decir que su gesta ha provocado enorme admiración, hecho que se manifiesta en los aplausos que arranca Dean con cada zancada.
Los medios alaban sus capacidades con bromas como estas, que transmitió la televisión estadounidense: “No intente hacer esto en casa”, o bien “Si insiste, consulte a su médico y cómprese un buen seguro de vida”.
El comienzo. ¡Vaya forma de revertir una crisis! Un buen día, este exejecutivo, harto de su vida de yuppie, explotó, sin imaginar que estaba delineando su futuro como atleta. En aquel momento de crisis, empezó a correr alocadamente durante toda una noche. Esto ocurrió en 1992, cuando el estadounidense de ascendencia griega estaba a punto de cumplir los 30 años.
En medio de su lío existencial, se calzó las zapatillas deportivas y se puso a correr y a correr. Y así durante siete horas: 45 kilómetros, desde la bahía de la Media Luna hasta San Francisco. Terminó con los pies destrozados y la mente al borde del precipicio.
“En el curso de una noche pasé de ser un yuppie borracho a un atleta renacido. En un período de gran vacío en mi vida, me puse a correr para buscar la fuerza que me faltaba. Oí la llamada, y salí en busca de la luz”, narraría, años después, en el libro de sus memorias: El hombre ultramaratoniano, confesiones de un corredor nocturno.
En realidad, su aventura atlética se había iniciado cuando era un niño de escuela. Nacido en Los Ángeles en 1963, apenas entró a la primaria empezó a hacer los recorridos entre su casa y el centro educativo “corriendo, para experimentar la libertad y la exploración”. En tercer grado ya descollaba, tanto que sus parientes le decían: “Vas a ser un gran corredor griego, como tus ancestros”.
Por esa época, su familia se trasladó de Los Ángeles a San Clemente, y allí conoció a un entrenador de cross-country que le metió el veneno: “Corre para encontrar tu paz interior, corre para dar con tu paso en la vida, corre con el corazón”.
Pero otro preparador, Mr. Bilderback, rompió sus sueños con el cronómetro en mano y a gritos, cuando lo humilló en público diciéndole que aquello no era lo suyo. “Me habría gustado darle un punetazo en el estómago a ese bastardo, pero en vez de hacer eso, colgué mis tenis y pasé 15 años sin correr”, cuenta.
En cuanto ingresó a la secundaria, en 1977, fue absorbido por los estudios, obtuvo su maestría en economía y se convirtió en un destacado ejecutivo de una gran empresa... hasta la crisis de aquella noche, cuando decidió eliminar todas las toxinas, las físicas y las psicológicas, corriendo y sudando.
Algo pasó tras aquel incidente. El cuerpo le pidió más y más, y un año después, ya estaba enrolándose en la primera ultramaratón (160,9 kilometros), y de ahí a las 135 millas (217,2 kilómetros) en el Valle de la Muerte, en pleno verano, y más tarde, al Polo Sur. Finalmente, fijó su récord de 563 kilómetros sin descanso, una hazaña al alcance de casi nadie.
“Quería saber si era capaz de correr 10 ó 12 maratones de un tirón”, se explica. “Me pase corriendo más de 100 horas, 20 de ellas bajo la lluvia. Estuve tres noches sin dormir, pero el esfuerzo valió la pena”.
Dean Karnazes está en forma, nada más hay que verlo. Su imagen dista mucho de la del escuálido maratonista típico (en una de esas correrías suyas se queman nada menos que 35.000 calorías). Porque a Dean le gusta alternar la carrera simple y pura con el mountain bike, el windsurf y demás deportes a cielo abierto. A sus 43 años, ha sido nombrado por la revista Sports Illustrated como de uno de los deportistas más sexy del planeta, y ahora está saltando definitivamente a la fama con su nueva gesta.
“El cuerpo humano es una máquina asombrosa, y somos capaces de llegar mucho más allá de lo que imaginamos”, dice alguien que derribó su propia barrera psicológica hace 13 años, cuando completó su primer ultramaratón de 100 millas (160 kilómetros): “Fue un viaje a to desconocido, perdí la vista por el camino y la uña de un pie, se me inflamaron las piernas y me salieron unas ampollas gigantes, pero en esas 21 horas aprendí más de mí mismo que durante más de 30 años”.
Esto se ha convertido en el eje de su vida. Su esposa, Julie, detesta correr. Sus hijos, Alexandria y Nicholas, de 11 y 8 años, comienzan a seguir sus pasos, aunque, por ahora, prefieren cubrir las largas distancias en carro, con la madre.
Los viernes por la noche, cuando cierra su negocio de Good Health Natural Foods, el padre se pone el traje de ultramaratonista y se despide de la familia. Quedan de encontrarse a la mañana siguiente, a 120 kilómetros de allí, en el valle de Napa. Karnazes aparece a la hora fijada, sudoroso, pero entero.
“Corro porque no me gusta ir en carro. Corro porque me gusta respirar aire fresco. Corro para explorar. Corro para escapar de lo ordinario”, dice.
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Rutas de escalada en Sierra de la Ventana
Provincia de Buenos Aires
Revista "Weekend" 1989
Archivo de la Biblioteca del CCAM
- Por Jorge González -
|
Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez
Lamentablemente Sierra de la Ventana con sus paredes de casi 200 metros de altura, lugar en que se entrenaron escaladores de la talla de José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña, en este momento se encuentren vedadas en su mayoría de rutas para los que amamos la escalada, es una lastima que por falta de organización y unión, perdamos la oportunidad de acceder a las paredes que se encuentran mas cerca de
Buenos Aires (550 Km).
Lamentablemente Sierra de la Ventana con sus paredes de casi 200 metros de altura, lugar en que se entrenaron escaladores de la talla de José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña, en este momento se encuentren vedadas en su mayoría de rutas para los que amamos la escalada, es una lastima que por falta de organización y unión, perdamos la oportunidad de acceder a las paredes que se encuentran mas cerca de
Buenos Aires (550 Km).
Guillermo Martin
Editorial
Editorial
Jorge González |
En medio del encanto serrano una excelente palestra natural para bisoños escaladores.
Rutas y grados de dificultad.
Sierra de la Ventana
Rutas y grados de dificultad.
Sierra de la Ventana
A una hora de caminata de en la intersección de los arroyos San Bernardo y San Diego, se encuentra una zona de escalada tradicional: "del Tres Picos o de las Piletas". Aquí, la recomendación para el iniciado comienza con los llamados "departamentos",
una serie de bloques rectangulares apoyados unos con otros y separados
lateralmente por chimeneas de distinto ancho y constitución sólida.
Tienen buena verticalidad y el suficiente espacio como para que varias
cordadas puedan trepar al mismo tiempo, a pocos metros una de otra. Es
posible practicar pasos de IIº y IVº, técnica de oposición en las
chimeneas, colocación de clavos, bajadas en rappel y maniobras de soga.
La roca es de calidad y se comienza a escalar desde el
mismo arroyo. Ninguna de las rutas supera los tres largos de cuerda y se
pueden bajar fácilmente por el costado izquierdo.
Ubicación de Sierra de La Ventana. Provincia de Buenos Aires, Argentina
>>AMPLIAR MAPA
Paredes Rosas y del Gran Techo
Remontando el río, justo al pie de las paredes, se ve claramente un bloque errático que, por su forma (un cuadrado casi perfecto) se le conoce como "la piedra cúbica" o "el cuadrado". Una de sus caras, presenta una ruta de menos de tres metros de largo, sin ninguna exposición pero de bastante dificultad. Tres o cuatro tomas muy pequeñas precedidas de un paso largo y algo de equilibrio, serán necesarios para llegar arriba limpiamente.
Las "lajas invertidas" distantes unos 700 metros de la piedra cúbica - siempre río arriba - son para escaladas cortas de 30 metros que resultan ideales para el aprendizaje.
Rutas de la pared del Gran Techo, Sierra de la Ventana
Hay mucha
exposición y poco riesgo, siempre que no esté mojada la pared. Se trata
de lajas planas superpuestas que alcanzan gran verticalidad (cercana a
los 75°) y forman un extraplomo en cada corte. La roca resulta frágil y
algo quebradiza, pero se pueden colocar clavos en las grietas que las
surcan de abajo hacia arriba o trepar directamente usando sólo nueces y
stopers.
En la ruta "normal" una especie de diedro ayuda en la progresión y se han colocado unos clavos que pueden usarse después de comprobar su estado. A ambos costados de esta vía, existen otras dos tan atractivas como aquélla, pero con algo menos de dificultad. El descenso se puede hacer mediante un rappel corto o dando un rodeo breve por la derecha hacia el río.
En la ruta "normal" una especie de diedro ayuda en la progresión y se han colocado unos clavos que pueden usarse después de comprobar su estado. A ambos costados de esta vía, existen otras dos tan atractivas como aquélla, pero con algo menos de dificultad. El descenso se puede hacer mediante un rappel corto o dando un rodeo breve por la derecha hacia el río.
Mapa de Villa Ventana, Provincia de Buenos Aires
Mapa para llegar a las Paredes Rosas y al Gran Techo, Sierra de la Ventana
Cumplidos estos pasos progresivos, se puede intentar la normal del techo,
para lo cual hay que situarse al pie de la pared en un pequeño diedro
(sólo dos bloques de alto) que nace a la derecha.
A continuación, sobre una pared vertical, se encuentra
una serie de fisuras anchas donde sucesivamente se progresa con manos y
pies. Luego de unos 5 metros de escalada libre con buenas tomas, se
alcanza el primero de los dos escalones o balcones que tiene la ruta.
Rutas en paredes de Villa de la Ventana
Chimeneas de escalada interior, Villa de la Ventana
El largo
siguiente será un poco más expuesto y sobre roca buena, con tomas
confiables, y la tranquilidad que dan los veteranos clavos. Se llega al
segundo escalón. Hemos superado cerca de 40 metros y ahora nos separan
de la hendidura que hay debajo del techo, alrededor de unos 30 metros
que son los más expuestos. Nuevamente la pared y las tomas son buenas.
Estamos a 100 metros del suelo. Luego de un tramo de IVº de dificultad y
un paso de Vº, quedamos en una travesía que nos coloca justo en la
hendidura, acostados en ella y apretados entre dos grandes bloques.
Cuando nuestro compañero llegue por la izquierda del techo, saldremos
hacia arriba y habremos logrado nuestra primera "gran pared".
José Luis Fonrouge escalando el Gran Techo, Sierra de la Ventana, Buenos Aires
Villa Ventana
Remontando el río que encontramos en el "dique" - pequeño embalse que cruza el camino de acceso al camping - daremos con un hermoso frente, bastante limpio y de buena roca como para escaladas que promedian los dos largos de soga y el IVº de dificultad.
De derecha a izquierda (hacia la gran cascada) los problemas aumentan y quedan aún muchas rutas por resolver. En ese orden, es conveniente empezar por la pared de la extrema derecha que tiene pasos de IIIº superior y clavos puestos. Luego, hay una ancha chimenea con un bloque empotrado en la salida que obliga a un paso de mucha exposición, algo extraplomado.
Remontando el río que encontramos en el "dique" - pequeño embalse que cruza el camino de acceso al camping - daremos con un hermoso frente, bastante limpio y de buena roca como para escaladas que promedian los dos largos de soga y el IVº de dificultad.
De derecha a izquierda (hacia la gran cascada) los problemas aumentan y quedan aún muchas rutas por resolver. En ese orden, es conveniente empezar por la pared de la extrema derecha que tiene pasos de IIIº superior y clavos puestos. Luego, hay una ancha chimenea con un bloque empotrado en la salida que obliga a un paso de mucha exposición, algo extraplomado.
Rutas en las paredes de escalada del Cañadon de las Cascadas
La pared que sigue, tiene muchas variantes,
especialmente espolones de gran verticalidad y un diedro delicado. La
roca es confiable, aunque en los sectores en que se presenta en láminas
se puede romper con facilidad. Las cordadas que se quedan al pie de las
rutas, se ven expuestas a la caída de piedras. Por ello hay que estar
atentos y algo separados de la base mientras otros estén escalando.
Hacia la cascada propiamente dicha, la humedad y el musgo hacen sumamente peligrosa la estabilidad en esa roca. Todo el gran paredón que continúa hacia la izquierda es más alto, bastante vertical y poco escalado. Presenta un diedro interesante con pasos de Vº y una fisura prácticamente recta hasta la salida, de dificultad sostenida, que promedia el IVº superior.
Muchas veces encontramos aquí pastos que "ensucian" la ruta y pequeñas cornisas con tierra que la hacen peligrosa.
Hacia la cascada propiamente dicha, la humedad y el musgo hacen sumamente peligrosa la estabilidad en esa roca. Todo el gran paredón que continúa hacia la izquierda es más alto, bastante vertical y poco escalado. Presenta un diedro interesante con pasos de Vº y una fisura prácticamente recta hasta la salida, de dificultad sostenida, que promedia el IVº superior.
Muchas veces encontramos aquí pastos que "ensucian" la ruta y pequeñas cornisas con tierra que la hacen peligrosa.
Jorge de León al pie de la pared del Gran Techo (1967) al lado de la placa conmemorativa de Pasic
muerto en una caida en la pared en el año 1965
Rutas de la pared del Gran Techo, Sierra de la Ventana
Si a la altura en que tuerce el arroyo a la derecha y seguimos en la dirección
que traíamos, vamos a transitar por suaves lomadas hasta dar con otro
cañadón cerrado, surcado por un arroyo. Su cauce nos lleva a la Fuente
del Bautismo, una suerte de olla o pileta con un pequeño salto de agua.
Cerrando el valle se ve nítidamente una fisura de unos 80 metros de
altura que resulta tentadora. Se trata en realidad de una chimenea que
presenta un bloque empotrado aproximadamente en la mitad donde se puede
hacer un relevo instalando un seguro natural. Si uno supera la Fuente
del Bautismo por la derecha, da con el valle paralelo y más alto por
donde sigue descendiendo el arroyo. Después de un trayecto corto, se ve
un diedro de roca rojiza y gris que tiene un largo de cuerda.
Es una escalada muy interesante tanto superando las pequeñas tomas de una de sus paredes como salvando la salida extraplomada de la izquierda. Si volvemos al punto donde el arroyo del camping tuerce hacia las paredes, podemos internarnos en dirección contraria, hacia la izquierda, por un valle que pronto llama la atención por la forma en que se encajona. En el primer tramo, hay rutas cortas y muy extraplomadas, al punto que caen a pique sobre el río. Hacia el fondo, a unos 40 minutos de marcha, se puede ver a la izquierda una sucesión de placas invertidas, que forman una suerte de "explanada" de poca inclinación pero interesantes para la práctica de adherencia.
Es una escalada muy interesante tanto superando las pequeñas tomas de una de sus paredes como salvando la salida extraplomada de la izquierda. Si volvemos al punto donde el arroyo del camping tuerce hacia las paredes, podemos internarnos en dirección contraria, hacia la izquierda, por un valle que pronto llama la atención por la forma en que se encajona. En el primer tramo, hay rutas cortas y muy extraplomadas, al punto que caen a pique sobre el río. Hacia el fondo, a unos 40 minutos de marcha, se puede ver a la izquierda una sucesión de placas invertidas, que forman una suerte de "explanada" de poca inclinación pero interesantes para la práctica de adherencia.
Guillermo Martin escalando en la pared del Gran techo en Sierra de la Ventana. Foto: Guillermo Martin
Pared del Gran Techo, Sierra de la Ventana. Foto: Guillermo Martin
Parque Provincial Tornquist
Cuando uno ingresa por el campamento base, al pie del sendero señalizado que conduce al Hueco de la Ventana, encuentra posibilidades magníficas de escalada con cortos acercamientos. A la altura de la primera estación del sendero, uno puede volcarse hacia el valle de la izquierda caracterizado por un manchón dé álamos. Hay escaladas de 2 a 3 largos', posibilidad de hacer boulder y el marco adecuado que quiere el escalador.
Volviendo al pie del sendero del Hueco, otro camino de huella lleva a la derecha y en 15 minutos se está bajo la "gran laja". Son 25 metros verticales y lisos, que luego se pueden descender con un vertiginoso rappel. A la derecha, los 10 metros seguros de un contrafuerte son ideales para entrar en calor y dar las primeras clases de movimientos sobre la roca a los iniciados.
En dirección a la laja, una chimenea permite aplicar las técnicas de oposición y, hacia la derecha, la verticalidad del primer largo es excelente para un control de la progresión, los movimientos de equilibrio, la técnica y la exposición a la altura.
Dentro del Parque Provincial, también hay objetivos de interés en el valle que está sobre el refugio de la Reserva Integral. En este caso, hay que ingresar al Parque por su entrada principal, donde está la administración y dar aviso de la intención de caminar hacia el refugio o la Cueva del Toro. Pero la opción de más atractivo, la ofrece el llamado Hueco de la Paloma.
Santiago Argañaraz escalando el anteúltimo largo de Tormenta Radical (140 mts. 5+)
asegurado por Esteban Soler, Sierra de la Ventana, abril del 2007.
Foto: Vicente Marino
El sendero se interna a la altura del primer manchón de pinos
que se ve a la derecha de la ruta en dirección a Tornquist, a unos 6
kilómetros del motel. Partiendo del campamento base, se está en 3 a 4
horas de marcha en el fondo del valle. Se va dejando a la derecha la
Garganta del Diablo, mientras se divisa un cerro de suaves contornos en
forma de montura.
Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez
Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez


